Ví este R4 en Medinaceli... y también un Talbot Solara, un R18..., un R12 familiar, Ford Fiestas de los 70 y otras tantas máquinas del tiempo..., vehículos que, para hacer trayectos cortos, ya son suficientes.
Lejos del lujo y las apariencias, sus dueños son personas que trabajan en el campo, arrugadas por el duro trabajo bajo el sol.
Me recuerdan a mi infancia, donde adivinaba desde lejos y bien pequeño los modelos de Renault y Seat que se acercaban.
Mi padre tenía un R8 y después un R12. Eran coches con poco equipamiento, duros, sin dirección asistida, con dudosos sistemas de ventilación, arranque con estárter manual ya que funcionaban con carburador, eso de la inyección era para algunos modelos un poco más sofisticados pero más nuevos.
Las ventanillas se bajaban a mano, pisar el embrague era trabajo para piernas forzudas,... y lo de la climatización, pues eso, a bajar la ventanilla, a lo sumo poner un ventilador o abrir esas ventanillas triangulares de las puertas delanteras.
Potencia? bueno, con suerte 60 o 70 CV para los modelos más potentes. Y algunos inventillos para coger bien las curvas, como poner sacos de tierra y hacer que el comportamiento dinámico fuese adecuado, por no decir lo de las relaciones del cambio, mal ajustadas para las carreteras de la época...
Pues eso,... ahora la gente no se conforma porque no quiere y a ver quién se compra "el más gordo"... pero... como un amigo mío dice,... "no es lo que ganas... es lo que gastas..."

De vuelta, tras un tiempo sin escribir, por el blog soriano. Este mes de septiembre he vuelto a tierras sorianas, esta vez en una escapada de 4 días.
Me doy cuenta, cada vez que vuelvo, desde Barcelona, cómo el tiempo no pasa por los habitantes de San Leonardo, los cuales siguen haciendo, día a día, su vino al caer la tarde y hablan de su fábrica, en la que han dejado su vida, haciéndola suya.
Me hablaban de sus secciones, las cuales yo ya ni recordaba... ¿te acuerdas de aquella ferretería pequeña, al lado de la sección de...?
Volver, más de 10 años después, a sitios en los que parece que el tiempo no pasa.
Muy diferente a la vida de mi ciudad, Barcelona. Cada año parece distinto.
Me encuentro con un viejo compañero de trabajo de la fábrica, lleva más de 10 años y ahora está pensando en cambiar de trabajo, pasarse a hacer mantenimiento de aerogeneradores, los cuales nos acompañan en el paisaje yermo. Dice que aún hay trabajo pero que deberá volver a estudiar algo más técnico para que pueda optar.
Es año de crisis, ya sabemos, tiempos duros para los jóvenes,... sobre todo para los que, por circunstancias varias, cuentan con menos formación.
Paso por Almazán y están de fiestas. Me tomo un café a eso de las 4 de la tarde y me siento a contemplar la plaza mayor, en la que están montando el escenario para el baile.
De vuelta a Medinaceli, donde me alojo, subo a la esplanada que hay en el conjunto histórico y contemplo, mientras hablo con un amigo barcelonés por el móvil, la carretera N-111 y miro al horizonte. Paz y sosiego. He dejado atrás la ajetreada vida urbana, al menos por unos días.
A los que me quieran enviar un mensaje,... pueden hacerlo en:
sergi_pena@yahoo.es
En Navaleno podremos degustar unas buenas migas, una buena morcilla de arroz y unas salchichas trufadas en aquel sitio del hombre flaco que ha pasado buena parte de su vida pegado a las brasas.
Además es el pueblo de mi buen amigo Sanz, de Barcelona, y es el pueblo en el que aquel verano en el que viajamos con amigos, en fiestas locales veraniegas, oímos el grito de aquella cantante de orquesta ambulante: arriba Navaleno !!
Pues eso, disfrutemos de esos momentos fugaces y a lo malo que le den...
Salimos desde Sotillo caminando hacia Molinos de Razón. El frío al principio es intenso, pero una vez empiezas a caminar y a hacer fotografías compensa.
Entre la immensidad del mundo caminamos poco a poco hacia Molinos, en estos días de fin de año de Diciembre, cuando ya hemos cumplido con nuestras obligaciones y podemos desconectar unos días de la ciudad y su ajetreo.
Ahora escribo estas líneas desde la ciudad y siempre es cierto que los hombres no sabemos valorar todo lo bueno hasta que pasa! Pero siempre hay excepciones que confirman la regla. En mi caso he valorado de forma especial esta escapada soriana.
Ya hace 10 años desde mi primer viaje a Soria. Quizás algún día, porqué no, acabe viviendo en alguno de sus pueblos.
Caminábamos este 31 de Diciembre de 2007 por la noche, en Sotillo del Rincón. Apenas veíamos 4 o 5 casas con luz y con sus chimeneas humeantes.
El resto de casas, algunas casi abandonadas... imaginábamos qué habría dentro de ellas, quiénes serían sus dueños, en qué tiempos estaban llenas de vida.
El paseo nos hizo llegar al árbol cantarín, un árbol lleno de adornos de navidad y un altavoz entre sus ramas, que rompía el silencio de la noche.
Si tenéis la ocasión de pasar el fin de año en Sotillo os lo recomiendo, su árbol cantarín es único en el mundo...
Decía que no había bebido vino hasta sus 60 y 5 y es que este hombre de gran corazón explica historias de su juventud mucho mejor con una copita de vino.
Su purito después de la comida le ayudaba a explicar historietas por esas tierras frías en invierno.
El tiempo modifica las historias y a ciencia cierta las historias de Jesús parecen increíbles pero las escuchas con cariño y son sorprendentes.
Jesús vuelve a media tarde a echar el vino y atiende los movimientos de ficha de dominó de sus colegas de setenta y tantos a los cuales conoce bien porque en un pueblo de no más de 2.000 habitantes se sabe todo de todos.
Nos vemos una vez al año y allí le encuentras, en el mismo sitio, igual, con su andar cansado. Te saluda como si le hubieras visto ayer y vuelve a rememorar sus viejos tiempos.
Dice que un día de estos dejará de beber, pero entonces ya no será el mismo.
Qué grandeza del destino haberte conocido !

Triste y cansado, con los viejos amigos.... el vino y el cantar....
Fue este verano, tuve el honor de enseñar a unos buenos amigos las tierras de Soria.
Las excursiones típicas: Cañón Río Lobos, San Leonardo, Navaleno, Vinuesa, Canicosa de la Sierra, La Fuentona, Calatañazor, Rio Seco de Soria, parada obligada en El Burgo de Osma, Muriel Viejo, Muriel de la Fuente, el Amogable, Salduero, Duruelo, Ucero y su Castillo....
Gastronómicamente hablando, allí donde voy siempre: el Hachero, Alvargonzález, en el Burgo también hicimos fonda, morcillitas de arroz, torreznos, salchichas trufadas y otros manjares...

Ya no entraré más por aquella puerta vieja. Ya no oleré más a serrín ni veré más aquellas viejas máquinas amortizadas sobradamente que han ayudado a alimentar a generaciones y han hecho saltar algún que otro dedo.
Ahora todo es automático. Seguro que han eliminado puestos de trabajo. La gente del pueblo dice que ya nada será igual. Ha perdido su encanto, la vieja fábrica. El frío invierno y el frío matutino que se colaba por las ventanas. Ahora hay calefacción en toda la nave. Pero también menos calor humano.
Todo se rinde a la productividad de las multinacionales. Y la gente del pueblo no lo entiende. Aquellos tiempos eran otros. Más sencillos.

Las fiestas sorianas basan actualmente su diversión en bailar, reír, beber,... al ritmo de una orquesta que cada ayuntamiento contrata...
En aquél verano me invitaron a una fiesta, en un pueblo que no recuerdo... lo que sí recuerdo es que aquél pueblo no debía tener más de doscientos habitantes durante el año y tuve que dejar mi coche a las afueras del pueblo, en una cuneta, casi casi encima del campo.
En aquél pueblo las casetas, a lado y lado, daban de beber a todos, las peñas iban a tope... y la orquesta tocaba una canción del último de la fila de los 90.
Bebí bastante y al día siguiente me desperté con los disparos de los cazadores de perdices...
Me gustaría recordar el nombre de aquél pueblo de soria... ¿o era ya de Burgos?
El café con leche me espabiló y me recordó que al día siguiente había que volver al trabajo... en la vieja fábrica me esperaban.

Todos somos hijos del vaivén, cazador cazado,...
Las mañanas sorianas hacen pensar en el descanso del guerrero. La bruma se disipa sobre la tierra con la presencia del primer sol.
Correr entre los campos, caminar por los senderos prácticamente sin encontrar otras huellas, rodar por los ríos en los que en algún otro tiempo había más agua.
Campos de Almanzor, si hubiéramos nacido en otra época, pensaríamos lo mismo que ahora. Todo cuesta.
Por eso volveré a Soria, a reposar, después de librar las batallas de mi día a día.

Entre las vías crece ahora la hierba y las antiguas estaciones rezan mensajes de los nuevos tiempos, pintados con spray.
Piso con mi coche los antiguos raíles cuando vuelvo de Calatañazor, a través de la venta nueva y voy a salir de nuevo a la N-234.
Quén sabe qué aventuras y desventuras contarían las personas que iban en ese tren.
Quizás, como en regreso al futuro, hubiera estado muy bien poder pasar un tiempo en esa antigua Soria.

De Navaleno hacia Soria encontraréis un camino hacia Talveila (o también otro desvío pasada la iglesia hacia Muriel). Este camino discurre entre pinares y podremos ir hacia La Fuentona. Os recomiendo que os llevéis unos prismáticos para ver los buitres posados en la roca caliza.
La Fuentona tiene un punto mágico y misterioso y si queréis ver lo que se esconde en su interior podréis ir al centro de interpretación de la Naturaleza, camino hacia Calatañazor.
Ya hemos pasado de los pinares a los campos. Llegamos al Sabinar de Calatañazor y un poco más adelante llegamos a Calatañazor (pueblo excesivamente turístico, para mi gusto).
Os invito a llegar a Rio Seco de Soria, más tranquilo y con mayor esencia de pueblo soriano.
